El mes de la ciudad vacía, evaluado con honestidad — qué cierra, qué cuesta, cómo sobrevivir a 38°C y la trampilla de escape de la sierra.
Las vacaciones de la propia ciudad: medio Madrid se muda a la costa, el tráfico se evapora, los hoteles bajan un 20–30% y algunos restaurantes y comercios familiares cuelgan el cartel de cerrado (cada año menos). Las tardes tocan 35–38°C; las noches rondan 25. A cambio: cero colas, los Veranos de la Villa llenando patios de cine y conciertos al aire libre, y las verbenas de agosto — La Paloma en La Latina a mediados de mes es la fiesta de calle más castiza de la ciudad.
Vive como la ciudad: monumentos y museos de 9 a 13 (todos los grandes tienen aire y abren), comida larga a la sombra, siesta de verdad, y la vida se reanuda a las 20, cuando el Retiro y las terrazas se llenan otra vez. Reserva hotel con aire acondicionado verificado en reseñas recientes (no todos los equipos del tramo barato trabajan igual de duro) y plantéate uno con piscina en la azotea — agosto es cuando se ganan su prima.
La sierra va 8–12 grados más fresca: los valles de pinos de Cercedilla, las pozas de Las Presillas en Rascafría, las charcas de La Pedriza en Manzanares, Patones al anochecer. Parte el viaje de agosto — cuatro noches de ciudad, dos de sierra — y el calor se vuelve ventaja: nadarás en agua de montaña mientras la costa hace cola para aparcar.
Selecciones curadas en camino — mientras tanto, la búsqueda en vivo cubre todos los alojamientos al mismo precio o mejor.