La mayoría de las camas de Madrid son hoteles urbanos eficientes — pero la región esconde una capa de alojamientos que son destino en sí mismos: un parador en un colegio renacentista donde cenaron los maestros de Cervantes, habitaciones con balcón sobre la plaza más teatral de España y casas de pizarra a la luz de las velas en un pueblo sin coches. Quien planifique rutas debería apuntar las etapas hacia ellos a propósito.
Los nombres de abajo son categorías, no publicidad — cada uno enlaza con la búsqueda en vivo de su pueblo, donde esas propiedades aparecen junto a todas las demás. Las selecciones curadas con foto llegarán a cada página de zona.
El Colegio-Convento de Santo Tomás del XVII, claustro incluido — el sueño más señorial de la región, a menudo por debajo de 150 €.
Un puñado de hoteles pequeños ocupa las casas de balcones que rodean la plaza — despierta viendo montar abajo las mesas de la comida.
El segundo acto de Chinchón: el convento del XVII a un minuto cuesta arriba de la plaza, con un patio-jardín hecho para el anís al atardecer.
Una docena de habitaciones plegadas en la aldea de pizarra negra — reserva de cena incluida por necesidad, silencio garantizado por geografía.
El hotel histórico pegado a la cartuja de El Paular — campanas de claustro, Peñalara por la ventana, trucha en la cena.
Los hoteles de montaña de granito que alimentaron a tres generaciones de caminantes del Guadarrama — chimeneas, desayunos contundentes, cuartos de botas.
La mitad de las torres de la avenida esconden terrazas y piscinas con la cúpula del Metrópolis en el encuadre — la versión urbana de una vista que vale la tarifa.
Las casas de corredor convertidas — las corralas — hacen de los hoteles pequeños de Lavapiés el sueño barato con más carácter del centro.